Todo se ha acelerado, ¿ya han pasado cinco años? Recuerdo aquel día, en aquel aeropuerto. Recuerdo el abrazo de mi padre, el de mi madre, el de mi hermana. Cerrar la maleta, coger un avión e instalarte a 600 kilómetros de distancia. Creo que ese vuelo A Coruña –Madrid nunca me dolió tanto.
Han pasado cinco años, sí. ¿Saben cuántas veces he dicho a lo largo de cinco años eso de “y qué hago yo aquí”? Hace un par de años que perdí la cuenta, justo el momento en el que perdí (relativamente) la ilusión por lo que se supone será mi futuro profesional. Tengo 23 años, casi 24 y si la memoria no me falla a los 16 dije eso de “quiero ser periodista”. En casa no sonó extraño, he crecido viendo a mi padre escribir en la vieja Olivetti, podríamos decir que lo llevo en la sangre. Su apoyo siempre fue mi base, como en todo.
Decía que esta sensación de desasosiego que me invade (y me consta que a la mayoría de mis compañeros de aula les ocurre) hace mucho que dejó de contarse con los dedos de pies y manos. Estamos a unos meses de poner punto y final a esta andadura y estamos en permanente crisis. ¿Qué hago? ¿A dónde me voy? Una crisis existencial y de las gordas. Y lo peor de todo es que apenas hay opciones.
Muchos de mis compañeros de promoción somos de fuera de Madrid. Vivimos aquí con beca o por el sacrificio de nuestros padres. Somos la inversión de muchas familias que con su trabajo no han dudado en dar todo y más por el futuro de sus hijos. Pero, por desgracia y humildemente creo que por error, en estos momentos invertir en conocimiento parece no resultar rentable. Y no lo es porque, siendo la generación más preparada de los últimos años, no interesa apostar por nosotros. Lo vemos todos los días, ¿por qué tiene que trabajar gratis un periodista? ¿Por qué? Escapa a toda lógica. ¿Acaso tendré que alimentarme del aire y vivir bajo un puente? ¿Seguir viviendo del dinero de mis padres? Lamento no entenderlo.
Algo está fallando. Según están las cosas (y según estarán) no me importaría coger la maleta otra vez e irme. Ir o huir, todavía no he decidido cuál de las dos me gusta más. Puede que la segunda, suena más emocionante. Tendremos que inventarnos los puntos suspensivos que se esconden tras el cinco.
B.S.O de hoy
Advertisement
